← Volver

¿Gigante dormido?

2025-01-16

Una revisión de las últimas movilizaciones ciudadanas en Paraguay muestra un país en constante efervescencia social, donde las demandas en torno a derechos básicos concentran la atención de una población que no está dormida, sino que lucha por no retroceder en su nivel de vida. Sin embargo, estas expresiones, aunque numerosas y extendidas, no logran convertirse en un movimiento político transformador. Esta aparente desconexión entre las inquietudes sociales y los resultados políticos plantea la necesidad de entender mejor las raíces de las expresiones ciudadanas y sus limitaciones.

Hace poco, en una conversación, se abordó el tema de la movilización social en Paraguay. Este es un debate clásico. Se trata de entender hacia dónde se mueven los ánimos e intereses de los principales sectores de la sociedad.
En aquella conversación, inicialmente el problema se planteó en términos de que el pueblo parece dormido, de que la movilización de masas se encuentra, por alguna razón, apaciguada. Alguien en la mesa afirmó: “Por lo general el pueblo paraguayo tiene excesiva paciencia, es más bien lento para reaccionar”. “Pero cuando lo hace, alcanza proporciones épicas”, complementó alguien inmediatamente.

Estas reflexiones parecen sintetizar una idea extendida, pero que merece un análisis crítico.
Paraguay está lejos de encontrarse en un estado de letargia social o de apatía. La gente común, trabajadora, de a pie, está en un estado de movilización permanente, impulsada por las condiciones en que tiene que debatirse día a día, harta de los descarados privilegios de los políticos y de los grupos que se mantienen en el poder.

Puede que las formas actuales de expresarse no sean las tradicionales, ni las banderas que se levantan coincidan con determinadas expectativas o agendas, pero la realidad es dinámica y exige una deconstrucción de nuestros propios conceptos para comprender la complejidad de lo que está ocurriendo.

Movilizaciones clásicas

Paraguay ha sido escenario de movilizaciones importantes en torno a reivindicaciones sociales clásicas. Por ejemplo, en abril de 2024, más de 6.000 estudiantes universitarios protestaron en defensa del programa “Arancel Cero”, que garantiza la gratuidad en la educación superior. Estas movilizaciones respondieron a la promulgación de la Ley “Hambre Cero”, percibida como una amenaza para el financiamiento del programa.

Las reformas al sistema de jubilaciones también generaron fuerte oposición y las movilizaciones en torno al tema continuaron este año. En diciembre de 2023, miles de trabajadores, incluidos docentes y funcionarios de la salud, se movilizaron en Asunción contra la Ley de Superintendencia de Pensiones y Jubilaciones.

Los desalojos de comunidades campesinas e indígenas marcaron otro punto crítico en el panorama de las movilizaciones sociales. En septiembre, miembros de comunidades indígenas de Alto Paraná protestaron en Asunción tras ser expulsados violentamente de sus tierras por colonos brasileños. A inicios de 2024, una comunidad indígena del departamento de Caaguazú, acampó durante meses frente al Instituto Paraguayo del Indígena (Indi), exigiendo la devolución de su territorio ancestral.

Mientras se escribe este artículo, jubilados se movilizan contra las reformas del régimen legal del Instituto de Previsión Social (IPS) y ciudadanos de distintos puntos del país protestan contra la suba de los precios de los peajes. Todas estas acciones muestran un patrón claro: una sociedad que expresa su malestar y se organiza para defender de sus derechos fundamentales.

El ritual electoral y las redes

La participación electoral también refleja una forma manifestación política. En 2023, el 63% del padrón, más de 3 millones de votantes, se movilizó para expresar su voluntad en las urnas. Aunque siempre debe suponerse que estas cifras están infladas, aunque fuera la mitad de lo reportado, constituye una movilización importante. Los datos oficiales muestran que el Partido Colorado (ANR) sigue siendo la principal fuerza electoral con más del 42% de los votos; la segunda fuerza fue la Concertación, que tiene como estructura dominante al Partido Liberal (PLRA) junto a varias agrupaciones menores, con un 27% de los votos; y el ya tradicional tercer espacio, ocupado en esta última elección por el Movimiento Cruzada Nacional con algo más del 22% de los votos.

En paralelo, las redes sociales se han convertido en un foro abierto. El debate político en este ámbito, si bien muy depreciado en cuanto a su calidad, se desarrolla muy activamente.
Se critica la falta de mando de Santiago Peña en la gestión de gobierno, se comentan temas internacionales como la asunción de Trump o el genocidio en Gaza, y se discuten conceptos como la ideología woke o el fascismo. Esta ensalada de temas refleja una dimensión más desordenada, pero de raíz claramente política.

Contensión social

Hay que considerar que un 24,7% de la población de Paraguay que se encuentra bajo la línea de pobreza, esto equivale aproximadamente a 1.817.000 personas. De este porcentaje 414.000 están en situación de pobreza extrema, según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) de 2022. Por lo general, este estrato social no logra tener una expresión pública organizada debido justamente a que se lo mantiene en un estado de supervivencia. En junio de 2024 reportes oficiales hablaban de incorporación de unas 13.000 familias al programa de asistencia a población en situación de pobreza, lo que representa aproximadamente unas 52 mil personas, ante los casi dos millones que debe atender. Claramente la dimensión del del esfuerzo estatal es como una gota de agua en el desierto. Miles de jóvenes buscan abrirse camino con un horizonte incierto. La última noticia sobre convocatoria del gobierno para becas universitarias hablaba de 18.000 postulantes. Más de mil aspirantes mujeres y casi 900 hombres, se presentaron para ingresar al Servicio Militar Obligatorio (SMO), 5000 jóvenes se unen a las filas de la Policía Nacional. Se realizan ferias de empleo en distintos puntos del país atrayendo a cientos de jóvenes que buscan una oportunidad laboral.
Todos estos dispositivos tienen como finalidad mantener el control social sobre distintos grupos sociales que no encuentran satisfacción a sus demandas básicas, y en todos los casos la respuesta es mínima frente a la creciente presión social.

Movilización permanente

Luego de este somero repaso del panorama social y político del último año y medio en términos de movilizaciones ciudadanas, podemos notar claramente que no existe este supuesto estado de letargia, más bien existe una movilización permanente y persistente.

La mayoría de las demandas y movilizaciones se centran en cuestiones que afectan directamente las condiciones de vida de la ciudadanía, son de orden eminentemente económicas.

Las movilizaciones se producen en forma defensiva, exigiendo inclusión y diálogo en el diseño de las reformas o políticas públicas. Por ejemplo, para no perder ciertos derechos como el acceso a la educación, la salud, la jubilación, el empleo, la tierra.

En general, todas las demandas, así como las críticas van dirigidas a las instituciones del Estado y a las autoridades de turno.

Desde el Estado se generan estrategias de control social, como los subsidios, las convocatorias masivas para acceso a becas, puestos de trabajo, a la policía y a la milicia.

Todas las movilizaciones que se expresan, así como las que se mantienen en estado de latencia, tienen un carácter restringido, son reivindicaciones de grupo o de sector, de carácter fundamentalmente económico. Aunque en su raíz existe un contenido nacional más amplio.

Nos encontramos ante un escenario complejo, en el que existe una amplia gama de necesidades insatisfechas de los más diversos sectores y un Estado que busca contener la movilización otorgando mínimas concesiones, pero sin realizar los cambios de fondo necesarios para que el progreso económico-social alcance a las grandes mayorías.

Llegado a este punto, el análisis nos lleva a reformular la pregunta inicial. No se trata ya de saber si existe o no una situación de pasividad. Evidentemente la movilización está ahí, en la calle.

Entonces la cuestión clave que emerge es: ¿Por qué estas demandas ciudadanas, cada vez más insistentes, ampliamente extendidas a nivel geográfico y de los más diversos contenidos, no sintetizan en un cambio político de envergadura?

Más preguntas se desprenden de lo anterior: ¿Se pueden articular estas expresiones? ¿Dónde está su raíz común? ¿Por qué las actuales estructuras políticas son incapaces de responder a sus demandas? ¿Cuáles son las estructuras políticas que hoy controlan la movilización de las masas y cuáles son los mecanismos que utilizan?

Las respuestas surgirán en el camino.


← Volver